La ilusión de mi primer día de aventura en solitario se
desvaneció de golpe, al mismo tiempo que mi estómago se encogía al tamaño de un
puño. No podía creerlo, nada mas puse el contacto a Buri el panel de
información del ordenador de abordo me alertaba de la falta de presión en el
neumático delantero.
Se me acumulaban las preguntas y, las diferentes opciones de
respuesta; -¿cómo había pinchado? ayer la había dejado perfectamente, ¿Dónde
podía reparar el neumático? Joder si casi nunca se pincha la delantera, ¿en que
momento ha pasado?, ¿La habrán desinflado? ayer cuando estacioné había
chiquillos cerca, igual hicieron la ruindad. ¿Habrán entrado en mi blog?…-. Y
entonces las repuestas se tornaron en nuevas preguntas en un bucle que, hasta
el día de hoy, las posibles respuestas no quieren entrar de ningún modo en mi
cabeza.
días al llegar y salir de aquel lugar. Y sin saberlo se convertiría en mi
salvadora lo que me restaba de estancia en Salamanca.
y la rueda no presentaba por ningún lado signos de pinchazo. En carretera no
perdía absolutamente nada de aire, pero me sentí vulnerable y, viajé el resto
de días con el estado de la presión de los neumáticos fijado en el panel de
información de la pantalla. Viajé obsesionado con parar la moto y al regresar a
ella encontrar otra vez el neumático desinflado, pero los días me demostraron
que al neumático no le ocurría nada y a Buri tampoco y, esas preguntas cuyas
respuestas eran mas preguntas volvieron a sabotear mi cabeza. No podía creerlo,
pero alguien había saboteado mi moto. Me cerré a tan solo dos posibilidades; o
al estacionar le usurpé el rincón fetiche a otro motero o, me había topado con
algún homófobo intolerante que su curiosidad llevó a visitar mi blog y tomar
represalias contra mi normalidad, mi libertad y, en definitiva mi vida. Sí, a
mi también me parecía rebuscado pero soy consciente de las posibilidades y la
realidad.
Una goma y, unas diarreas días posteriores cuando llegué a
Cáceres, dieron color a la aventura. Imagínate que llego a quedarme en
campings… atropellamecamion mejor no imaginar las connotaciones épicas que
podría haber alcanzado la aventura. Para todo estaría un viaje por continente
Africano… es que saco la versión audiovisual gore-escatológica de Diario de un
Nómada y lo peto.
Menudas tonterías se me pasan por la cabeza. Volvamos al
viaje.
Realmente fueron los aspectos negativos y hoy anecdóticos
del viaje. Los grandes momentos, paisajes, lágrimas y gritos de felicidad
dentro del casco, las sonrisas y la alegría abarcaron la práctica totalidad de
kilómetros sobre Buri. La melancolía y las lágrimas menos, sobre todo a primera
hora de la mañana, con los primeros rayos de sol, el cielo naranja y sonando en
mi lista de Spotify «la vida es bella – de Noa», «libre – de Nino Bravo» o «que
bonita la vida – de Dani Martín»… imposible resistirse al drama siendo todo tan
idílico.










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